Sobre el CEPY

Introducción.

La izquierda en Ecuador ha padecido históricamente de posiciones que sobrevaloran la ideología, la teoría, y las condiciones concretas en que se desarrolla la lucha de clases, esta sobrevaloración ha llevado a poner la ideología por encima de  la realidad, entendiendo a la sociedad desde el “cómo debería ser”, y no desde las condiciones concretas que rigen su articulación. Este defecto heredado de la metafísica y el lenguaje violento, ha llevado a que la izquierda ecuatoriana sea incapaz de pensar una vía revolucionaria más allá de métodos reformistas, electorales o voluntaristas, sin poder constituirse en un actor importante –o si lo ha hecho, ha caído rápidamente- para la población.

Partiendo que nuestra izquierda experimenta una enfermedad crónica, decimos que la creencia per se separada de un método y una teoría –que necesariamente debe responder a la práctica- inutiliza iniciativas de intención revolucionaria orientándolas hacia el pantano de la inmovilidad y la incapacidad política, lugar donde se han engendrado derrotas en todos los planos –teóricas, ideológicas, humanas, programáticas, históricas-, ampliamente conocidas.

Una pelea necesaria.

En el actual contexto, se proyecta una izquierda “para el siglo XXI” mediada por el voluntarismo, el ultrismo o el apoyo crítico a las ideas “siglo XXI”, una mixtura de “militancia” personal acompañada de fuerte lenguaje posmoderno, una izquierda huérfana que plantea transformar el mundo y exclusivamente desde el individuo, o el arte, las urnas, el compromiso con el medio ambiente, todo en abstracto

Es por ello que vemos necesario plantear la actividad teórica con miras a construir una izquierda libertaria de masas, con programa, estrategia y táctica que permita organizar y multiplicar el poder popular.

Partiendo de la crítica y la autocrítica, llamamos a dejar de leer la teoría desde la ideología, y a tomar –o retomar- ésta como un producto histórico que sienta bases dinámicas, así un marco amplio y flexible de interpretación de la realidad a la luz de la dialéctica.

Conocimiento y lucha de clases.

La lucha de clases trasladada al terreno de las ideas exige que los sectores revolucionarios demos batalla, por un lado, promulgando una construcción del conocimiento con la clase trabajadora y los sectores populares, es decir, la posibilidad del conocimiento desde un “pueblo fuerte” –y su proyecto histórico- frente a las concepciones de la burguesía, y por otro, la elaboración de sistemas ordenados de ideas que brinden esquemas organizativos  y métodos de interpretación mientras peleamos en la sociedad de clases.

Sabemos que para la burguesía las disciplinas y las ciencias tienen un carácter puramente explicativo y técnico, vacío de una posición definida, y que en consecuencia el conocimiento estaría tácitamente destinado a homogenizar, naturalizar y normar la realidad y las relaciones sociales. Es por ello, que tanto los intelectuales como los trabajadores debemos abogar y dotar de un contenido revolucionario al conocimiento. La lucha de clases así también es la lucha por el conocimiento y la técnica.

Promovemos entonces, hacer parte de una apuesta de izquierda libertaria donde pensemos a consciencia la teoría articulada a las condiciones objetivas que vive la sociedad, construyendo herramientas teóricas y prácticas, cuyo fin sea la liberación y transformación de la sociedad tal y como la conocemos ahora.

El militante integral.

En la lucha por la construcción de un bloque hegemónico que construya poder y siente las bases para un proyecto nuevo de sociedad, surgen intelectuales que encaran la tarea de elaborar sistemas de ideas que significan la representación de la clase trabajadora en su conjunto. Estos intelectuales, a los que llamamos militantes integrales, tienen la tarea especial de combatir a la burguesía y su sistema ideal, mismo que garantiza la estabilidad y regeneración de la sociedad de clases.

El conocimiento es otra de las batallas donde la clase trabajadora debe pelear y ganar, apuntando a construir desde la experiencia sistematizada de la lucha, y cuya base esté en la teoría revolucionaria materialista, un conjunto ordenado de ideas, conceptos y métodos que expliquen los fenómenos sociales, así como tácticas y estrategias que apunten a la elaboración de un programa revolucionario edificado en el poder popular.

Objetivo.

El Centro de estudios “Patricio Ycaza” (CEPY) se constituye como un centro de trabajo intelectual, formado por trabajadores de diferentes áreas del conocimiento cuyo fin es la elaboración de herramientas teórico-prácticas para comprender, interpretar y transformar la sociedad mediante el acto revolucionario.

Es así, que el CEPY considerando lo anteriormente dicho se propone lo siguiente:

-Dar batalla ideológica.

-Aportar a la construcción de teoría revolucionaria.

-Promover espacios de formación y organización de la clase trabajadora y los sectores populares.

-Elaborar análisis de la realidad, así como marcos amplios de interpretación.

-Elaborar productos (impresos, audiovisuales y radiales).

 

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