Hegemonía y poder popular: Gramsci y los libertarios ahora. Parte I.

Lejos una lectura principista, el presente ensayo es un intento de acercar posiciones del marxista italiano Antonio Gramsci[1] con la corriente “organizada” del pensamiento libertario, tomando las categorías de hegemonía y poder popular como posibles puntos de encuentro desde una mirada no dogmática, pensando en su uso político, estratégico y táctico en la actualidad, con el fin de elaborar un marco de interpretación y actuación política que sirva para acumular fuerza en pos de la construcción y toma del poder. Aparentemente la pretensión hegemónica “homogenizadora” en Gramsci o el esencialismo del poder popular en lo libertario como dinámica suficiente para reemplazar las funciones del Estado entran en contradicción al instante, sin embargo, no es posible pensar en la constitución de un proyecto hegemónico sin una fuerza de una base que lo respalde, asumiendo el rol de “clase dirigente” y ocupando el papel del Estado aunque sea momentáneamente. Aquí, antes de continuar, advierto al lector libertario mi posición frente al poder popular, una posición escéptica, respecto a que tan sostenible sería en el tiempo y en el espacio, es decir, no considero al poder popular como factor suficiente para la transformación de una sociedad organizada históricamente bajo la figura del Estado, y que apelando a su inmediata destrucción desde la consigna libertaria, sería incapaz de sostener un proceso complejo de roles y funciones que la sociedad no estaría en capacidad de asumir inmediatamente.

Ahora, ¿por qué considero necesario el encuentro entre estas dos categorías que responden a corrientes cuya base epistémica y metodológica difiere en los métodos de actuación, por ejemplo el problema del poder y el Estado? Una primera pista, sin ser este un intento novedoso, corre con la tarea de preguntar, ¿es posible romper dialécticamente la dicotomía táctica entre tomar o no tomar el poder, usar o no el Estado como vehículo de transformación? De allí podríamos migrar a cómo estas tendencias ha visto los métodos electorales, la cuestión militar, la organización de base, la constitución del partido, sin embargo no es mi interés meter este corto ensayo en un debate histórico aún inacabado e irresuelto, considero que una puerta para tender puente prácticos y político consiste en pensar la articulación gramsciana y libertaria alrededor de estas dos categorías que son el hilo conductor de este texto, por el simple hecho de encontrar en ellas elementos valiosos que no pueden, ni deben, ser obviados a causa de un “resentimiento histórico” entre los seguidores de ambas tendencias.

La política ante todo es un arte vivo y escurridizo, un mecanismo inteligente que se encuentra por encima de las pasiones o los intereses de los individuos, incluso de los partidos a veces, se inaugura y desarrolla en una constante batalla que migra entre el consenso y la dominación, el ejercicio del poder, la fuerza, la violencia.

La política no implica necesariamente, si se piensa de forma seria y honesta, un uso estricto y tendencial de categorías, métodos y perspectivas concebidas como creaciones particulares de tal o cual partido, celosamente guardadas, blindadas del celo ajeno con broche de “exclusividad”. La creación intelectual de la que se han hecho responsables partidos y revolucionarios a lo largo de la historia, es propiedad de la clase trabajadora del mundo entero.

Desde mi perspectiva, la política no debe implicar sentido de propiedad desde una tendencia, recurso citado por muchos, quienes a razón de pereza mental o negación del trabajo teórico, como es el caso de gran parte del mundo libertario y marxista, condenan a quienes salen de la corta ventana que nos ha impuesto el sentido común de lo que se supone hacer política o desde lo que dijo tal o cual teórico a medida de receta universal.

No dudamos que a muchos este intento, que corre contra de la “Iglesia” sea libertaria o marxista, puede ser condenado como pecado y herejía, un intento desesperado de amalgamar posiciones diferentes e irreconciliables, vanidades latentes, heridas “sin sanar”, pero lo cierto es un ejercicio de este tipo contribuiría a desobedecer la fe anquilosada en consignas vacías que ahora no brindan respuestas claras a las tareas que los revolucionarios debemos dar solución, o al menos intentarlo con los pies en la tierra.

Los procesos de toma de posiciones “extrañas” desde una teoría que no las reconoce como “propias” nunca son exactos o determinados, siempre hay un factor que prima, el que absorbe y es absorbido, dadas las características del programa y la línea política, o en su defecto, si este ejercicio dialéctico de “tomar lo mejor”, podría evocar una ruptura de ambas concepciones inaugurando una nueva, proceso que considero ha empezado varias décadas atrás, y que tanto marxistas como libertarios han visto de lado.

Esta pequeña aventura no tiene miedo a críticas puristas y principistas, que además de escupir saliva y dientes, recurren a eclecticismo como un síntoma negativo, la pérdida de identidad y “norte político” por “amalgamar” posiciones extrañas, pero si somos un poco honestos e inteligentes, comprenderemos que estas constantes transformaciones, cruces e intercambios entre lo marxista y libertario no son recientes.

Invito pues, a leer este corto texto, como una propuesta para el necesario acercamiento desde el programa comunista libertario, desde el enfoque táctico y enriquecedor que puede significar la hegemonía y el poder popular, a la apuesta histórica y aún inconclusa por la construcción de una sociedad más justa, no en el terreno de la inmediatez, sino en la construcción de espacios que poco a poco vayan gastando al enemigo hasta lograr dicha tarea en la que nos hemos embarcado y en la que aún no he salido victoriosos.

Gramsci contra el reduccionismo economicista en el marxismo.

Uno de los méritos de Gramsci es haber iniciado el debate sobre las caracterizaciones del marxismo y la revolución al calor de la Segunda Internacional[2] (1889-1920), partiendo por una crítica al economicismo y la ideología naturalizada en la clase obrera como ideología de clase por generación espontánea.

Gramsci plantea dos críticas: a) la ideología no puede ser concebida como un nexo causal entre estructura y superestructura, siendo la última condicionada por la primera, reflejo mecánico cuya base sería económica, b) la naturaleza de la superestructura no está determinada por la posición de los sujetos, clases, en las relaciones de producción (Moufle, 1991: 168-169).

El comunista italiano propone una concepción no reduccionista de la ideología, en donde la noción de lo concreto funciona como sobre determinación de las contradicciones, es decir, una coyuntura es un escenario que permite pensarla en su particularidad, y no implica una manifestación de clase de la ideología de por sí.

El sujeto, que vendría a ser el portador, en tanto también voluntad colectiva, de la ideología, no es su fuente original, sino producto de “una práctica específica que opera a través del mecanismo de la interpelación” (Moufle, 1991: 171-172). Esto es de suma importancia, pues rompe con una suerte de mecanicismo economía-clase-ideología-historia-revolución, instaurado en el marxismo en aquella época como veremos más abajo.

Cuando critica el reduccionismo, quiere decir, que tanto la coyuntura como el sujeto, no tendrían necesariamente una connotación de clase predeterminada, estipulada de antemano en el marco de la contradicción de clases, sino que esta, por último, se conforma en un acumulado de particularidades donde la primacía o definición, sea da gracias a un principio articulador que otorga el carácter de clase, que es tanto material como ideal.

Esto quiere decir que el carácter de clase, de la ideología, no se desarrolla de forma natural en términos ideológicos, que no basta con trabajar en una fábrica, vivir en la miseria, o encontrarse en una situación desfavorable y atroz para la clase trabajadora, sino que ante todo es una construcción, que toma la coyuntura, el momento histórico y a los sujetos, clases, que intervienen en ella y son reflejo material de la contradicción fundamental, teniendo la ideología un papel destacado en la organización de una respuesta revolucionaria desde la clase trabajadora, que se materializa cuando esta se vuelve hegemónica.

Esta crítica aterriza en un momento clave en el desarrollo del marxismo y la social democracia, se trata de la Segunda Internacional y su visión reduccionista de la ideología como reflejo-connotación de clase.

El “momento clave” se desarrolla en medio de un debate, según Moufle, matizado desde las posiciones y supuestos teóricos de Kaustky[3] y Bernstein[4]. Por un lado Kaustky, citando el trabajo de Moufle (1991: 176), considera que el colapso de la sociedad capitalista es inminente, debido a la expansión del capital lo que en consecuencia, determinaría la aparición de la clase obrera y su ideología revolucionaria casi al natural a escala mundial, un supuesto también mantenido por Marx y Engels  en el Manifiesto del Partido Comunista (1976).

Las ideas de la Segunda Internacional se desarrollaron, y por eso quizá sus premisas reduccionistas, en medio de un hábil manejo de la burguesía para integrar en su programa consignas que le eran ajenas, muchas de estas mantenidas por los trabajadores de la época, lo que llevó a blindar la “ideología” y los métodos de actuación proletarios, considerando necesaria una ruptura entre la ideología proletaria y burguesa, a fin de asegurar la “independencia del pensamiento socialista” (Moufle, 1991: 177), lo que llevó a reducir el papel de esta a un estadio de purismo ideológico. Ahora, es cierto que los trabajadores deben romper y marcar posición con la ideología de la burguesía, pero esto no debe traducirse en subestimar el papel de la burguesía para “guardar” su lugar, instalar una “frontera de clase” y no apropiarse de las aspiraciones de los trabajadores, tampoco, como los trabajadores no pueden “adueñarse” de aquellas manifestaciones, que son un constructo histórico y social de los trabajadores, de las que no son “herederos”.

Bernstein entendió que la mundialización del capitalismo no convocaba necesariamente el ajuste de cuentas histórico y final entre la clase trabajadora y la burguesía, pues como se dijo líneas arriba, esta última fue capaz de cooptar las consignas a su agenda particular, no satisfaciéndolas, sino más bien mediante la acción superetructural fue integrándolas a su proyecto histórico mediante la acción hegemónica de su ideología y programa, lo que puso en debate la necesidad de dar batalla en esta instancia, planteando la lucha política e ideológica además del plano económico.

Es en este contexto donde Gramsci, a la par del impulso de la Revolución Rusa (1917), colaboró en el debate marxista a fin de corregir los errores derivados de la poca comprensión del papel a cumplir por la política e ideología en el desarrollo de la revolución. Su pensamiento anti economicista, abrió el espacio en el ámbito de la ideología, como producto que no es determinado por la estructura en sí, imprescindible para acercarse al concepto de hegemonía, sea como estrategia de la clase trabajadora para la “toma del poder”, o marco de interpretación de las relaciones sociales mediadas por una clase fundamental, que ha hecho de su ideología y programa, sea por el consenso o la dominación, la ideología de un bloque social en la historia.

Gramsci, hegemonía y partido.

La hegemonía en Gramsci es comprendida como un proceso amplio, que incluye a diferentes sectores de la sociedad, quienes bajo consenso o dominación, han adoptado una posición ideológica compartida, siendo necesaria una construcción de fuerzas y posiciones en la sociedad, esta constitución de la hegemonía no es como se cree un simple enfrentamiento de clases antagónicas, se trata de una compleja red de relaciones entre fuerzas integrantes de dos grandes bloques, cuya clase fundamental bien puede ser la burguesía o la clase trabajadora. Considerando esto, la hegemonía, y el papel asignado a la ideología en su constitución como bloque, pasa necesariamente por la transición corporativa a hegemónica, es decir, un sistema organizado de fuerzas que han superado la consigna corporativa, los intereses inherentes a un sector particular, y se disponen a converger en un espacio mucho más amplio bajo una ideología común.

Para Gramsci esto se expresa en tres factores a nivel de relación de las fuerzas, léase como momento de superación corporativo:

  1. Relación entre fuerzas sociales y estructura, dependiendo del grado de desarrollo de las fuerzas productivas.
  2. Relación de fuerzas políticas: conciencia y organización de los grupos sociales.
  3. Relación entre las fuerzas militares: momento decisivo.

Gramsci también habla de tres momentos de desarrollo de la conciencia política, estos son:

  1. a) Primer momento de carácter económico primitivo, sintiéndose la unidad a nivel del “grupo profesional”, no a nivel del agrupamiento social.
  2. Segundo momento a nivel de la “solidaridad de intereses”, aún en el plano económico, que se plantea ya en el agrupamiento social.
  3. Tercero momento, en el que entran a confluir no sólo los intereses, sino las ideologías, con ello la ideología del sector que va a arrastrar al conjunto- expresándose en la unidad, ideológica, política, cultural, moral, intelectual (Gramsci, 1999: 167-170), a nivel universal y no corporativo propiamente. Aquí el papel de la clase trabajadora es central (Moufle, 1991: 188-189).

La hegemonía vista así, no es una alianza política más, pues implica ante todo una convergencia de carácter universal entre distintos grupos, que pueden tener intereses más o menos comunes, unidos mediante la ideología de una clase fundamental en un espacio heterogéneo, así Gramsci llega a la conclusión de que este “momento histórico-social no es nunca homogéneo, por el contrario es muy rico en contradicciones. Adquiere “personalidad”, es un “momento” del desarrollo por el hecho que una determinada actividad predomina sobre las otras, representa una “punta histórica”. Pero esto supone una jerarquía, un contraste, una lucha” (Gramsci, 1998: 22). La clase hegemónica al que hace referencia como “punta histórica”, es aquella que ha podido articular sus intereses con el conjunto mediante el recurso de la lucha ideológica, sacrificando en cierta medida sus intereses estrictos como clase, ahora, en cuanto a la clase trabajadora como fundamental, su proyecto histórico es el paraguas universal que representa, o pretende representar, los intereses del conjunto, por lo tanto, el proceso de subordinación de sus intereses como clase, serían la expresión del conjunto de la sociedad a la que ha permeado con su ideología, este proceso a mi juicio se da en dos direcciones, una desde la clase trabajadoraal conjunto del pueblo y otro desde el pueblo a la clase trabajadora, configurando el carácter de la hegemonía y la ideología.

Respecto al proyecto de histórico de la clase fundamental, la clase trabajadora, entendido como revolución socialista, la hegemonía debería tener una caracterización “expansiva”[5], requiriéndose este manejo de dos direcciones que hemos expuesto, es decir, la hegemonía fundada en el consenso, resultado de la adopción de las demandas e intereses del pueblo, varios en composición, pero cuya centralidad se ve enraizada con la ideología y el programa de la clase trabajadora, que en consecuencia no se mantiene pura, si es que se puede pensar que esto es una posibilidad.

La clase trabajadora así, es una clase hegemónica que ejerce su función rectora en cuanto es clase dirigente, frente a los aliados, y dominante, frente al adversario, al mismo tiempo (Gramsci, 1999: 42). La función rectora debería ser entendida como una dirigencia estricta, mandar uno sobre otro, sino más bien de punto coordinador democrático, no en actitud centralista sino confederal.

La consecución de la hegemonía se dará finalmente como un nivel elevado de síntesis, fundida en una voluntad colectiva a través de la unidad ideológica.

El elemento cohesionador y que da forma a la ideología y hegemonía, es en Gramsci el Partido Comunista, y se caracteriza por ser el portador de una ideología específica, el marxismo, además debe permear a toda la sociedad, aunque en realidad esto es casi imposible, pues requiere de un sin número de recursos, materiales, infraestructura, militancia, sistemas y canales de comunicación propios, cuyo misión sería abarcar un territorio determinado, el territorio nacional, y convertirse en una suerte de nuevo estado emergente.

(…) la superestructura de la dirección de la clase obrera y sus aliados debe ser homogénea y hasta monolítica. Esta homogeneidad se expresa por el rol centralizador del Partido Comunista: no puede haber más que una ideología —el marxismo-; el partido debe ser a la vez la sociedad civil y la sociedad política del nuevo sistema hegemónico. Es sociedad política en tanto dirección de las operaciones “militares” de toma del aparato de Estado, pero también por la función de “policía” del partido (Portelli, 1985: 39-40).

La acción del Partido Comunista está enfocada en la sociedad civil, donde la hegemonía se realiza y hace efectiva y en la sociedad política. Para Gramsci es en la primera donde se hace efectiva la “dirección intelectual y moral de un sistema social”, asentada sobre hechos fácticos, clases y relaciones sociales, organizada en los organismos “privados” (Portelli, 1985: 13-14), mientras que a sociedad política o Estado, corresponde la función de ‘dominio directo” o de comando que se expresa en el estado y en el gobierno jurídico” (Portelli, 1985: 27), en la que se apoya la clase dirigente para perpetuar su papel dominante.

Carlos Pazmiño. Investigador CEPY, licenciado en Comunicación para el Desarrollo, candidato a magíster en Sociología FLACSO-Ecuador.

[1] Importante teórico marxista fundador del Partido Comunista Italiano  (1921), secretario general entre los años 1924 y 1927. Nació en Cerdeña (1881), encarcelado durante la dictadura fascista de Benito Mussolini (1925-1943), murió en 1937. Su obra se desarrolló en confinamiento abarcando áreas diversas como la cultura, literatura, periodismo y la política, caracterizada por su crítica al economicismo marxista, abriendo las puertas a un marxismo heterodoxo.

[2] Fundada en 1889 y disuelta en 1923, la Segunda Internacional integró a partidos socialistas y “laboristas”.

[3] Karl Johann Kautsky (Praga 1854 – Ámsterdam 1938), miembro del Partido Social Demócrata de Asutria, influyente teórico durante la Segunda Internacional.

[4] Eduard Bernstein (Berlín 1850 – Berlín 1932), político alemán, revisionista afiliado al Partido Socialdemócrata

[5] Contrario al transformismo, una versión de la hegemonía entendida como consenso pasivo –de ahí la categoría de revolución pasiva-, que integra intereses de grupos diferentes neutralizándolos al mismo tiempo, impendiéndoles oponerse a la clase hegemónica.

 

Bibliografía.

FAU. Declaración de ¨Principios y Elementos de estrategia. Montevideo, Recortes, 1993-1994.

FAU. Huerta grande. 1972. Recuperado el 27-05-2015 de: http://federacionanarquistauruguaya.com.uy/2011/04/27/huerta-grande-material-de-difusion-interna-sobre-tematica-teorica-de-1972/

Gramsci, Antonio. Escritos políticos (1917-1933), México, Siglo XXI, 1986.

Gramsci, Antonio. Notas sobre Maquiavelo, sobre la política y sobre el estado moderno. Madrid: Nueva Visión, 1980.

Gramsci, A. Cuadernos de la cárcel II-IV, Era, México, 1999.

Kautsky, Karl, Lenin, V.I. La Dictadura del Proletariado. La revolución proletaria y el renegado Kautsky. México, Grijalbo, 1975.

Mechoso, Juan Carlos. La estrategia del especifismo. Montevideo, Recortes, 2010.

Mouffe, C. “Hegemonía e ideología en Gramsci” en Antonio Gramsci y la realidad colombiana, Bogotá, Foro Nacional, 1991, pp.167-227.

Portelli, Hugues. Gramsci y el Bloque histórico. México, Fondo de cultura económica, 1998.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s