Significaciones de una forma de vida laboral en Santiago de Chile: relatos del comercio transnacional en mujeres inmigrantes ecuatorianas otavaleñas de origen kichwa.

Chile se ha convertido en un polo de atracción para inmigrantes trabajadores/as,  provenientes principalmente de América Latina y el Caribe en un contexto de crisis mundializada. Habiendo una extensa literatura sobre el tema, podemos observar que hay limitaciones debido a que el fenómeno es aun nuevo en el país y que existe una amplia diversidad de grupos inmigrantes. Bajo este escenario, la presente investigación busca comprender los significados que le otorgan las mujeres otavaleñas inmigrantes a su proceso migratorio y vida laboral en Santiago, para lo cual analizamos los relatos de ocho otavaleñas, y la observación participante de dos trayectos laborales urbanos.

El marco teórico que fundamenta la investigación, aborda el campo transnacional y laboral desde la mirada conceptual del sociólogo francés Pierre Bourdieu, que favorece la comprensión de lo objetivo, lo subjetivo y lo relacional. Así, partimos de la perspectiva teórica del transnacionalismo, que ayuda a entender la dinámica del proceso migratorio –transitorio o no– de la población otavaleña en Chile. Definimos el comercio transnacional desde la economía étnica, como esa práctica habitual –social, cultural y económica– que, de cierta manera, se aferra a una tradición –herencia– constituida en el lugar de origen.

Luego, a sabiendas de que la significación tradicional y doméstica del trabajo de los kichwa otavalos, como otros casos de la región, sufre cambios durante la reestructuración capitalista en Latinoamérica (Antunes, 2009) -pues el orden neoliberal “ha precarizado aún más las condiciones laborales de la población indígena porque han reforzado la informalidad que las caracteriza” (Pedone, 2004 p. 33)- abordamos la migración laboral y a su relación específica con el trabajo informal, contexto socio-económico que da lugar a la práctica laboral de las mujeres otavaleñas.

En el recorrido investigativo, damos cuenta de que, tanto el proceso migratorio como la vida laboral de estas mujeres se configura bajo la dialéctica de la tradición mindalae –viajeras y comerciantes por costumbre– del pueblo otavaleño, disposición cultural que cohabita con la realidad en la que se han debido situar, caracterizada en el campo laboral por dificultades estructurales de regulación y exclusión, y en los microespacios relacionales por la discriminación y el racismo.

El proceso migratorio está analizado como un trayecto configurado a partir de etapas: la desición, desplazamiento y la llegada o inserción. Sassen (2003) afirma que las migraciones son producidas por complejas redes de relaciones en las que intervienen dimensiones estructurales de carácter económico, en el caso de las otavaleñas en Chile, agregamos que el viaje se configura también por aspectos socioculturales: el viaje por tradición y las redes transnacionales que forman parte y sostienen el proyecto migratorio, además por factores subjetivos atravesados por el deseo personal. La configuración de la “decisión” de emigrar es multicausal y los distintos motivos se entrecruzan.

La importancia de las redes sociales también se vislumbra durante las otras etapas del proceso migratorio, así en el desplazamiento encontramos que las estrategias que construyen a partir de lo que han ido experimentando en otros países, o desde lo que les cuentan los/las suyas sobre el viaje hacia Chile, son recursos valóricos que les permiten prevenir riesgos y viajar con mayor seguridad. Cuando hacen uso de estos recursos, frente a los avatares reales que enfrentan durante el viaje, y logran ingresar al país, se evidencia que el Estado chileno no determina en última instancia el desplazamiento de las/los inmigrantes. En este sentido se identifica una doble y contraria dinámica fronteriza: el debilitamiento de sus fronteras y la rigidez de las mismas, cuyo objetivo busca detener el ingreso de inmigrantes “no deseados” (Stefoni, 2004).

Una vez en Chile, estas mujeres se establecen laboralmente. En este punto es importante mencionar que al igual que el viaje, el trabajo lo adquieren como disposición, a partir de percepciones a tempranas edades. Se configura así un aprendizaje heredado, que se instala en ellas de diferentes maneras, esto es que lograrán un mejor o menor dominio práctico y tácito del mundo social, según los capitales –económicos, sociales, y culturales– con los que cuenten (Bourdieu, 1996).

La comercialización llevada a cabo en Chile es principalmente parte de la economía informal y la hemos clasificado en: trabajo ambulante urbano, participación en ferias y mayoristas. La posición en uno u otro campo laboral dependerá de los recursos valóricos culturales, sociales y económicos que se hayan adquirido, tanto en el país de origen como en Chile, pero también de la estructura económica y productiva del sector.

Así, a pesar de que su intención cuando viajan hacia Chile es comercializar en ferias, locales o incluso llegar a ser mayoristas, la mayoría deberá trabajar en las calles como vendedoras ambulantes. Esta práctica de subsistencia se caracteriza por el riesgo, el conflicto y la precariedad, dificultades que también son vividas por los y las chilenas que se dedican a esta actividad comercial, no obstante por vivirla bajo una condición migratoria –regular o irregular– se sumarán percances que tienen que ver con el acceso a permisos municipales y en lo relacional a la discriminación por el origen, la raza y el género, con lo cual parecería que están condenadas a un “malabarismo incesante” (Bourdieu, 1999).

Entonces al analizar los relatos, dentro de este contexto, vislumbramos que tanto en la interacción con los funcionarios públicos, que representan el campo de poder, como con sus pares, ellas estarían siendo víctimas de violencia bajo: la criminalización del trabajo callejero y las relaciones cotidianas violentas.

Sobre el primer tipo de violencia, sabemos que si bien las políticas en Santiago miran a la migración como una oportunidad económica, aplaudiendo el desarrollo de emprendimientos –por ejemplo restaurantes internacionales–, cuando se trata de instalaciones –migrantes o locales– comerciales en espacios urbanos públicos, reaccionan con censura y represión. Entonces, el trabajo callejero es una práctica que se trata de abolir, la política pública de las municipalidades se enfoca en mantener una imagen “pulcra” de la ciudad, controlando y consecuentemente reprimiendo cualquier actividad comercial que no cumpla las normativas de uso del espacio y/o pagos de impuestos, sin tomar en cuenta que en estos lugares se movilizan seres humanos que buscan trabajar para mejorar sus estilos de vida.

La relación de las otavaleñas con los funcionarios que reprimen el trabajo callejero irregular, es una relación de fuerza en la cual los dominantes se posicionan en un lugar superior con referencia a las inmigrantes. Así, además de perseguir su práctica como a otros/as nacionales, las enfrentan haciendo referencia a su origen, de lo que podremos decir que en la lucha que caracteriza el campo, el dominante –carabinero o tributario– siempre intenta mantener el control de los capitales (Bourdieu, 1995) desde la denigración de la otra inmigrante.

Las mujeres en este juego relacional, aunque sienten que tienen las de perder, tratarán de convenir con quienes representan a la institucionalidad para negociar su liberación o la liberación de la mercadería. Pero aún así, con el tiempo asimilan la relación de dominación y la significan como algo natural, entonces la persecución se transforma en lo cotidiano del trabajo, así constantemente están pendientes de la llegada de quienes serán clientes y de los carabineros o “civiles”.

En la relación de poder que se establece con la institucionalidad represora del trabajo callejero, ellas apuntan a evitar las pérdidas económicas que obstaculizan su práctica laboral, sin embargo, al hilar más fino sobre los relatos, vemos que pierden mucho más que elementos materiales, pierden “la suerte”, fuerza y en este sentido las pérdidas son subjetivas, causan incertidumbre y angustia. Entonces, aunque ven a Chile como un país próspero, en el cuál tienen esperanzas, se enfrentan a una vida laboral precaria de subsistencia y criminalización.

Sobre la interacción con sus pares –vendedores/as ambulantes locales– vemos que los conflictos prevalecen. Si bien los intereses son comunes, la cualidad propia del trabajo callejero, instala elementos de disputa que se identifican al momento de interactuar. La pugna por el territorio –espacio público de venta– y la competencia son los principales factores que producen los desencuentros, fundamentados en actos discriminantes, que van desde la humillación, hasta la agresión física, tratos que someten a las mujeres a una violencia deshumanizante que las cosifica.

Vemos que la discriminación, que hace alusión al origen o a la raza, en este caso, reproduce el discurso nacionalista de una supuesta invasión laboral por inmigrantes, entonces la lucha por el territorio, como espacio laboral, se extiende a una lucha por el territorio nacional que les pertenece.

El racismo, que estas mujeres viven, evidencia la realidad de un país en donde la procedencia andina es despreciada, ya que representa todo eso –lo indígena– que ha sido negado sobre sí mismos durante un largo tiempo. Por lo que consideramos importante reevaluar la dimensión humana de los encuentros, al respecto compartimos con Stefoni (2011) que la diversidad se debiera reconocer en la medida en que se relativiza el etnocentrismo. A partir de esta mirada se revitalizarán sus propias identidades, descentralizando de este modo la esencia nacionalista, lo que le da un giro a la convivencia con los/las otros/as.

A modo de conclusión, clarificamos que este tema no está agotado, al contrario, abre muchas líneas a ser consideradas desde las varias disciplinas. La psicología comunitaria, por su lado, es pertinente en la medida en que puede dialogar con algunos temas sensibles: las migraciones regionales, las mujeres inmigrantes trabajadoras, el trabajo informal -en específico el callejero- y la población indígena en el contexto de la globalización. Además, entra a discutir y a cuestionar su rol frente a diversas problemáticas sociales que se dinamizan en el contexto latinoamericano.

Lorena Pérez, colaboradora CEPY, Psicóloga Clínica, candidata a magister en Psicología Comunitaria.

Referencias Bibliográficas

Antunes, R. (2009) Diez tesis sobre el trabajo del presente (y el futuro del trabajo) en Neffa, J., De la Garza, E., Muñiz, L. [comp.] Trabajo, empleo, calificaciones profesionales, relaciones de trabajo e identidades laborales, Buenos Aires, CLASO

Bourdieu, P. (1995) Algunas propiedades de los campos. En Sociología y cultura (p. 135-141). México: Conaculta.

_______ (1996) La doble verdad del trabajo. “La doublé verité du traveil”. Actes de la recherche en science sociales. Vol 114. No 1 pp. 89-90

_______ (1999) La miseria del mundo. Ediciones Akal, Madrid

Pedone, C. (2003) Tu siempre jalas a los tuyos. Cadenas y redes migratorias de las familias ecuatorianas hacia España. Tesis doctoral

Sassen, S. (2003) Contrageografías de la globalización: género y ciudadanía en los circuitos transfronterizos. Traficantes de Sueños, Madrid

Stefoni, C. (2004) Inmigrantes transnacionales: la formación de comunidades y la trasformación en ciudadanos. En inmigrantes transnacionales: la formación de comunidades y la transformación de ciudadanos

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