Historia, clases y lucha de clases. Ideas breves sobre el papel de los trabajadores en la actualidad.

En el presente ensayo vamos a desarrollar desde una perspectiva libertaria, las categorías de clase y lucha de clases, inscritas en la historia como factores fundamentales de su desarrollo, cuyo interacción revolucionaria devendría en la organización de un estadio social que diferirá de otros por el carácter otorgado al trabajo y la apropiación de la producción, así como en la organización social y política resultante.

La lucha de clases remitida a un sustento material y político, es decir histórico, pretende explicar la historia de las sociedades sucedidas hasta nuestros días desde una perspectiva materialista dialéctica, así el estudio de esta categoría nos puede ayudar a comprender no sólo su marco de interpretación: el papel del trabajo, la división de clases, el surgimiento del Estado moderno, sino también su programa histórico y objetivo finalista, el comunismo, que en nuestro caso es el comunismo libertario.

Partimos enunciando que la síntesis del concepto de clase y lucha de clases, es producto de la gigantesca obra de Marx y Engels, no obstante Bakunin desde su concepción materialista también las pensó en su particularidad política y programática[1].

Lo económico subyace a todo.

Esta frase acuñada por Bakunin, y sugerida también desde marxismo, entiende que el factor económico es el eje que determina todo lo dado históricamente en una sociedad. Citando a Engels en el prefacio al Manifiesto del Partido Comunista de 1883, podemos decir que “la producción económica y la estructura social que de ella se deriva necesariamente y en cada época, constituyen la base sobre la cual descansa la historia política e intelectual de esa época” (Engels, 1986, pág. 9). Se inaugura una premisa universal para el marxismo, y en parte también en Bakunin, la preeminencia de lo económico sobre otros factores, tales como la ideología, el papel del Estado, la pertinencia estricta a una clase y su “instinto” revolucionario, etc.

Considerando la conclusión de que “la historia de todas las sociedades hasta nuestros días es la historia de la lucha de clases” (Marx & Engels, 1986, pág. 30), con la cual estamos de acuerdo, pues la historia se ha construido en base a la división del trabajo, conjuntamente con sucesiones históricas de organización y control social[2], corporal y productivo (Federicci, 2010), planteamos que es necesario pensar lo económico no como lo fundamental o último, sino más bien un eje articulador.

Pero, ¿a qué nos referimos con esto? Cuando aparecen las clases sociales en el capitalismo, y se identifica la lucha de clases como mecanismo histórico que motiva revoluciones profundas que obligan a una sociedad a reorganizarse bajo una nueva estructura política y económica, podemos caer una trampa “mecanicista histórica”, una inevitable sucesión en cadena donde lo económico actúa como correa de transmisión única, dictaminando las condiciones absolutas para la transformación.

Esto es un error,  la misma historia ha demostrado como el capitalismo ha sabido sobreponerse crisis tras crisis, la “mundialización” de la economía capitalista no fue suficiente, de hecho la clase obrera no se ha reproducido como Marx pensó (Korsch, 1950). El capitalismo ha terminado por especializar países –y en ellos a la clase obrera- según las necesidades del modelo de acumulación generando regímenes dependientes y desindustrializados (Marini).

Considerando a Laclau y Mouffe, el desarrollo de las fuerzas productivas “resulta inteligible sólo si se comprende esta necesidad del capitalista de ejercer su dominación en el seno mismo del proceso de trabajo. Y esto pone en cuestión, desde luego, la idea del desarrollo de las fuerzas productivas como un desarrollo natural, espontáneamente progresivo”. (2004, pág. 138) Esto quiere decir que en el proceso de dominación y explotación del trabajo y por ende de la clase obrera, se requiere de la domesticación de mecanismos considerados garantes de derechos[3], e inclusive pone en duda de la condición revolucionaria de la clase obrera en función del desarrollo de las fuerzas productivas.

Efectivamente existirá un desarrollo, pero no será tan optimista en ir “hacia adelante”, sino más bien estará guiado por la composición y requerimientos del capital en sentido estricto, por ejemplo, en períodos de crisis o bonanza, podrá recurrir a mecanismos de contención de las fuerzas productivas[4], migrando hacia el trabajo no productivo, la sobre producción, o incluso la guerra.

Hacia una breve caracterización de la clase trabajadora ecuatoriana en el siglo XXI.

Estamos de acuerdo que existe una fuerte idealización de la clase obrera como sujeto universal, valdría por ello pensar un ejemplo cercano en este breve ensayo, ¿qué tan estratégica es la clase obrera[5] para la revolución en Ecuador?, ¿cómo definimos la clase obrera en un país cuyo nivel de industrialización se halla en ciernes?, ¿es necesario seguir refiriéndonos a un esquema fabril europeo del siglo XIX?, ¿o es hora de pensar el problema de clase respecto a nuestra historia y particular puesto en la economía mundial que nos ha “sugerido” del capitalismo?

Marx y Engels nos dirían que, “de todas las clases que hoy se enfrentan a la burguesía, sólo el proletariado es una clase verdaderamente revolucionaria. Las demás clases van degenerando y desaparecen con el desarrollo de la gran industria; el proletariado en cambio, es un producto más peculiar”. (Marx & Engels, 1986, pág. 41) Sin embargo debemos recordar la arremetida neoliberal de los 80´s que destrozó la poca industria que tenía el país, barriendo a la clase obrera en gran medida, así como el embrionario proyecto que traía consigo en sus organizaciones[6].

Creemos que es necesario abordar el problema de entender y explicar la clase no sólo desde el lugar que un trabajador ocupa en el proceso de producción, sea propiamente en un segmento productivo o no, sino también cómo éste trabajador, puede reconocerse en otros trabajadores que al igual que él viven atravesados por algún tipo de relación salarial, generadora o no de plusvalía.

Cuando Laclau y Mouffe mencionan que “ni el campo de la economía es un espacio autorregulado y sometido a leyes endógenas; ni hay un principio constitutivo de los agentes sociales que pueda fijarse en un último núcleo de clase; ni las posiciones de clase son la sede necesaria de intereses históricos”. (2004, págs. 150-151), podríamos considerar que tanto el concepto de lucha de clases como de clase obrera o clase trabajadora –que es por el que nos orientamos- estarían aparentemente gastados, siendo necesario repensar la estrategia y táctica de construcción de poder hacia sectores no necesariamente vinculados a la economía. Si bien no compartimos esta conclusión del todo, creemos que la clase trabajadora sigue significando uno de los ejes centrales en la construcción de un proyecto revolucionario, principalmente los componentes productivos y de servicios[7] –al menos en teoría- los que debería tomar la posta construyendo un proyecto revolucionario.

Invitamos al debate en este pequeño texto, a pensar desde la militancia y la academia la especificidad que representa el problema de clase y de la lucha de clases en la actualidad fuera de perspectivas idealistas o principistas –aunque de por si el principismo es idealismo.

Finalmente dejamos a nuestro lector con la siguiente frase de un autor marxista, con el que quizá no podamos estar de acuerdo del todo, pero cuya acertada fe responde a nuestro interés por rezar menos y pensar haciendo más.

Ningún marxista digno de este nombre, jamás ha creído ciegamente en las tesis de Marx o Lenin, como si fuesen doctrinas religiosas o axiomas matemáticos. El marxismo, correctamente entendido, es una crítica permanente de la realidad histórica, inclusive de sus propios pasos y evolución. (Andersen)

Carlos Pazmiño. Investigador CEPY, licenciado en Comunicación para el Desarrollo, estudiante de magíster en Sociología FLACSO-Ecuador.

Bibliografía.

Andersen, P. (s.f.). ¿Existe una crisis en el marxismo?

Bottomore, T. (1976). Marxismo y sociología. En T. Bottomore, La sociología marxista,. Madrid: Alianza.

Engels, F. (1986). Prefacio a la edición alemana de 1883. En C. Marx, & F. Engels, Manifiesto del Partido Comunista (págs. 9-10). Moscú: Progreso.

Federicci, S. (2010). Caliban y la Bruja. Mujeres, Cuerpo y la Acumulación Originaria. Madrid: Traficantes de sueños.

Korsch, K. (1950). Diez tesis sobre el marxismo hoy. Recuperado el 4 de 20 de 2015, de https://resistenciaclasista.wordpress.com/formacion-militante/diez-tesis-sobre-el-marxismo-hoy/

Laclau, E., & Mouffe, C. (2004). Hegemonía y estrategia socialista. Argentina: FCE.

Marini, R. (s.f.). Subdesarrollo y revolución en América Latina. México: UNAM. Obtenido de http://www.marini-escritos.unam.mx

Marx, C., & Engels, F. (1986). Manifiesto del Partido Comunista. En M. d. Comunista, Marx, Carlos; Engels, Federico (págs. 30-94). Moscú: Progreso.

Ycaza, P. (1992). Historia labora: crónica y debate. Quito: CEN.

[1] Para Bakunin el paso del feudalismo al capitalismo traía la posibilidad de organizar una sociedad bajo principios libertarios, no consideró necesario el desarrollo de las fuerzas productivas en un estadio capitalista previo, condición sugerida por la ortodoxia marxista. Planteó la necesidad de desarrollar la producción sin pasar por una etapa capitalista –en abstracto-, sino de socializar el proceso tecnificándolo y volviéndolo más complejo conforme a las necesidades de la sociedad, en este sentido, la centralización de los medios de producción caían en manos de la clase trabajadora organizada, compuesta por una gran red de organizaciones productivas que ocupaban un territorio definido.

[2] Donde incluimos el género, etnia, cultura.

[3] Domesticación de los sindicatos, actuando como corporaciones de contención de la lucha de clases o realizando favores a la reacción.

[4] Como el capital especulativo.

[5] En Ecuador existen un total de 6.700.000 personas económicamente activas según el INEC, cerca del 3% se encuentra afiliado a un sindicato lo que representa poco más de 200.000 trabajadores repartidos en 8 centrales sindicales. A más de esto, los más de 6 millones no son trabajadores u obreros en sentido clásico, ligados a segmentos productivos de la economía ecuatoriana, sino más bien a áreas como servicios, administración, trabajo informal, trabajo agrario, ensamblaje, telecomunicaciones, energía y extracción de recursos no renovables, existiendo un porcentaje muy reducido en sectores productivos. A esto hay que añadir que nuestra economía se halla centrada no en el desarrollo de mano de obra o producción a gran escala, sino en el comercio, ejemplo: el impulso de “emprendimientos”, “micro emprendimientos” por encima de la construcción de grandes empresas estatales, mixtas o bajo control obrero.

[6] El Frente Unitario de Trabajadores (FUT) fue una organización que aglutinó a los sectores más combativos de la clase obrera ecuatoriana durante la década de los 70´s, desarmada en medio del auge neoliberal y la falta de perspectivas políticas ante este.

[7] Nos referimos a los sectores productivos y de servicios, tales como trabajadores del agro, industrias estratégicas, servicios básicos, puertos, transporte, etc.

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