Escenarios de la deuda: las nuevas izquierdas europeas.

El escenario político en Grecia y España se levanta sobre la contradicción de clases y abre un escenario que es leído con preocupación desde Bruselas. El surgimiento de Syriza y Podemos como plataformas políticas ciudadanas que identifican al capital financiero como el causante de la crisis y actúan frente a él con la legitimidad popular otorgada, es un dolor cabeza para el neoliberalismo europeo.

El modelo de la deuda para el desarrollo de las economías nacionales fortalece la empresa privada y debilita los servicios públicos, todo el dinero que entra del sistema financiero drena el trabajo nacional en pagos anuales.

En España la deuda representa el 96,80% del PIB ascendiendo a 1.020.236 millones de euros, los ciudadanos en 2014 pagaron 155.000 millones y para 2015 está planificado desde el presupuesto general destinar otros 242.765 millones. Los españoles tendrán que pagar en deuda más del doble del PIB ecuatoriano -94.472 millones de dólares en 2014. El negocio de los banqueros es inmenso, siendo un actor principal en el escenario político que se está disputando; ningún país prestamista de la eurozona permitirá que se caiga en un posible default al no pagar la deuda.

Sthepanie Flanders jefe de estrategia del JP Morgan para el Reino Unido y Europa identifica dos problemas para el crecimiento de España: a) el déficit presupuestario estará a niveles de 2014 –lo que se traduce en que se debe seguir una política de reducción de gastos por parte del Estado-, b) el ascenso de la “izquierda radical” de Podemos.

Dicha tendencia discursiva que protege a los intereses de la banca sobre las personas, la encontramos en declaraciones como la de Oliver Blanchard, economista jefe del Fondo Monetario Internacional, quien en rueda de prensa en Pekín, sostuvo que hay un vínculo directo entre la tasa de desempleo –paro- y el surgimiento de partidos “populistas”, que quieren modificar la estructura de la deuda.

Existe entonces en este conflicto de intereses de clases sociales, una experiencia que se empieza a construir a través de la gestión Alecsis Tsipras y Yanis Varoufakis, enfocada en una renegociación que permita a Grecia una vida digna. Negociación que deberá concretarse en acciones definitivas, ya que el fortalecimiento de la izquierda Europea pasa por el éxito del enfrentamiento del pueblo griego y su gobierno con la plutocracia internacional.

La plataforma fundamental para el crecimiento de la fuerzas de izquierda, tanto la victoriosa Syriza, como el mediático Podemos, es justamente las condiciones generadas en la estructuración de un agresivo neoliberalismo: el Estado de Bienestar. Esta inconformidad absoluta a nivel social tiene un eje fundamental, el empobrecimiento basado en la priorización de pago de la deuda y las condiciones de ajustes estructurales para el cumplimiento de dicha obligación.

La deuda es un mecanismo de acumulación de capital por la vía del despojo, en donde el dinero improductivo acumulado se transforma en capital sin tener que exponerse a los esfuerzos de la inversión industrial. Los bancos, quienes a la postre son sociedades transnacionales de especuladores privados, al prestar una suma “x” la convierten en títulos de deuda pública –simples papeles con un valor nominal- fácilmente transferibles y que tienen el mismo valor que lo prestado, incrementando sus reservas monetarias, y sobre todo, otorgando poder político a entidades privadas sobre las naciones.

Y no sólo eso, la deuda reproduce condiciones de dominación política coloniales transformando a las autoridades públicas en empleados de los grupos bancarios. Jeroen Dijssebloem, presidente del Eurogrupo y ministro de finanzas de Holanda, declaró frente a la intencionalidad de renegociar los términos del programa de la deuda griega, que espera que el gobierno de Tsipras se mantenga en el camino de las reformas y que este es la base de las negociaciones.

La dependencia de la deuda y las profundas fracturas sociales que producen a nivel del bienestar de la población, pueden ser consideradas como oportunidades para la izquierda como escenarios de acumulación de fuerzas. Al parecer es inevitable que la emergencia de posiciones anti neoliberales entre la población europea suponga el aparecimiento de esta nueva izquierda que apunta a transformaciones estructurales rescatando el papel del Estado hacia dentro y fuera de los países, donde los efectos del neoliberalismo han sido devastadores.

Ahora, el reto de la izquierda revolucionaria será, dentro de este marco reforzar la posición anti neoliberal, y a la vez consolidar un programa revolucionario que proponga y gane a los sectores más radicales de la sociedad, rebasar las concepciones estructurales hacia el socialismo.

Indiscutiblemente este no será un proceso de meses o años en el corto plazo, sino la construcción de un polo hegemónico que dispute la dirección al neoliberalismo y al anti neoliberalismo en abstracto.

Carlos R. Andrade. Investigador CEPY, Licenciado en Comunicación Social.

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