Las raíces del Socialismo: esbozo teórico del origen compartido del Marxismo y el Anarquismo. Acercamiento al pensamiento de Saint-Simon.

Nota preliminar: Cabe resaltar que este esbozo teórico es solo un acercamiento para fomentar el debate en ciertos aspectos olvidados dentro del socialismo. También se debe señalar que no se pretende de ninguna manera sobreponer la figura de un autor sobre otro, no se trata de resaltar individuos por sobre construcciones históricas, sino expresar dichas construcciones reconociendo a quienes sintetizaron adecuadamente lo que la historia contó. Estamos al tanto de que Saint-Simon se pareció a Marx sobre todo al considerar la unión de las ciencias “físicas” y las sociales; esperaba a que la ciencia predomine en todo aspecto de la sociedad (aplicando aspectos de las ciencias naturales a las ciencias sociales). En este punto preferimos el análisis crítico por encima de simples extrapolaciones y de cualquier dogma. Estamos al tanto de las ideas de Saint-Simon sobre la meritocracia y el “control intelectual” de la sociedad por los hombres de ciencia (en reemplazo de la Iglesia); sabemos de su idea de subordinar a la clase trabajadora a la élite tecnocrática (científicos, pero también artistas como vanguardia)y conocemos de la acertada crítica que Engels hizo de Saint-Simon sobre su pensamiento acerca de la división del trabajo.  

Pero también sabemos que Saint-Simon proclamó que la función de la religión era proveer una visión del mundo, la humanidad y el universo; y aunque mencionó su apego a mantener la figura de Dios, se puede leer en él un rudimentario hombre de ciencia y a la vez materialista. Conocemos también algo fundamental: sabía que ningún ideal era útil a menos que tomara en cuenta las condiciones históricas. Durkheim y el propio Marx reconocieron a las ideas de Saint-Simon como el germen del socialismo y mucho del pensamiento del siglo XIX, tanto así que no pocos lo han catalogado como el padre de la sociología (ya que tanto Comte como Spencer, Mosca y Pareto formaron sus ideas gracias a su influencia).  

Figuras como Rousseau (ciertos textos) y van Humboldt resaltaron aspectos similares e incluso más progresistas que Saint-Simon. Sin embargo, igual que muchos otros autores, han pasado a la historia por obras menos importantes y por pobres interpretaciones de sus seguidores (tal como ha pasado con Carlos Marx y Adam Smith).

Queremos decir con todo esto que si bien resaltamos las contribuciones de este pensador como producto teórico de la historia, sabemos de sus errores y de sus limitaciones. Por último, resaltamos que Saint-Simon no fue el único que contribuyó al desarrollo del pensamiento socialista (Fourier, Proudhon, Owen, etc.), pero fue sin duda uno de los más influyentes y al mismo tiempo uno de los más olvidados dentro de esta corriente.   (Lenin, 1913) (Saint-Simon, 1803) (Saint-Simon, 1825)

Introducción

El pensamiento de Marx se basa en cuatro pilares fundamentales, tres de ellos ya mencionados por Lenin (Lenin, 1915): la dialéctica (basada en la filosofía alemana), la crítica al capitalismo (con sus raíces en la economía política inglesa1) el materialismo (construcción histórica) y la visión revolucionaria  de la historia (venida del socialismo francés, en especial de Saint-Simon y de la influencia de este en Engels).

La creación del socialismo parte fundamentalmente de la historia de las sociedades, pero es necesario atribuir la capacidad crítica y de síntesis para desarrollar esta visión a tres autores: Henri de Saint-Simon, Carlos Marx y Pierre-Joseph Proudhon.

Al parecer distantes, permitieron cimentar las bases del socialismo a través de sus similitudes: la defensa de la clase obrera (no tan sensible en Saint-Simon), la conmoción social que originaron sus ideas2, los análisis de las contradicciones de los sistemas de organización social que cada uno vivió, y la expresión de otro sistema de organización social que reemplace al Estado.

El socialismo evidentemente no se “creó” en el sentido estricto de la palabra, sino que fue desarrollándose desde una visión de cambio en la estructura social predominante, a una construcción teórica que aún en la actualidad sigue siendo debatida.

Proudhon y Marx

La relación entre ambos fue siempre tensa y conflictiva. Marx criticó continuamente al ‘idealismo hegeliano’ de Proudhon, omitiendo Confesiones de un Revolucionario e Idea General de la Revolución en el Siglo XIX sobre el anarquismo. Proudhon por su parte, nunca pudo asimilar ciertos análisis importantes de Marx vertidos en Miseria de la Filosofía:

Marx realizó críticas muy significativas y razonables a la obra de Proudhon Filosofía de la Miseria o Sistema de Contradicciones Económicas. El equivalente del salario, la división del trabajo y especialmente la competencia y el monopolio, fueron los temas más analizados y criticados por Marx.  (Marx, 2007/Or.1847)

Marx calificó a Proudhon como perteneciente al socialismo burgués y por extensión pequeño-burgués. Sin embargo, y sobre todo en sus primeras publicaciones (La Sagrada Familia), evidenció elogios entusiastas en referencia a ¿Qué es la Propiedad?, atribuyendo dos descubrimientos al francés: el movimiento dialéctico de la negatividad y el fenómeno económico esencial (el de la contradicción social inherente al régimen de la propiedad).

Respecto a esto: “…la crítica proudhoniana somete de esta forma los fundamentos de la economía política, al primer examen ‘científico’ y formula sí el manifiesto ‘científico’ del proletariado, conduciendo a reivindicaciones inmediatamente prácticas. Marx añade, sin dar todavía a este análisis de la apropiación la importancia que él descubriría más tarde, que la explicación proudhoniana del capitalismo se basa en la no restitución a los productores de un valor producido por ellos solos” (Ansart, 1970). En palabras de Marx, “Proudhon somete la base de la economía política, la propiedad privada, a un examen crítico, al primer examen serio, absoluto, al mismo tiempo que científico. Tal es el progreso científico…un progreso que ha venido a revolucionar la economía política, haciendo posible por vez primera una verdadera ciencia económica”  (Engels & Marx, 1971/Or.1844)

Aunque la contradicción de clases no fue lo fundamental para Proudhon, la tenía claramente en cuenta: “La sociedad está natural y necesariamente dividida en dos castas, una casta de capitalistas explotadores y una casta de trabajadores explotados” (Ansart, 1970); o; “Se entiende por burguesía todo particular que vive especialmente del arrendamiento de sus tierras, del alquiler de sus casas, del interés de sus capitales, de los beneficios de sus empresas  (Ansart, 1970).

En todo caso, las obras de Proudhon y Marx “se han elaborado de forma paralela, sea enriqueciéndose recíprocamente, sea oponiéndose o ignorándose” (Ansart, 1970) : los estudios de El Capital responden a los libros Memoria y Miseria de la Filosofía a Sistema de las Contradicciones Económicas o Filosofía de la Miseria; los escritos históricos sobre la Revolución del 48 responden a Confesiones de un Revolucionario y a la Revolución Social Demostrada; los escritos políticos como el Manifiesto del Partido Comunista corresponden a los trabajos políticos Idea General de la Revolución en el Siglo XIX y la Capacidad Política de las Clases Obreras de 1865. No es admisible por otro lado olvidar, que el choque de los obreros proudhonianos en la Primera Internacional, con los discípulos de Marx, constituyó la representación práctica del conflicto teórico mencionado.

A pesar de los conflictos citados, Proudhon y Marx parten de un antecedente común: Saint-Simon. Por ejemplo, si bien la preocupación central de Saint-Simon no fue la de profundizar el problema de las relaciones sociales en el seno de la clase industrial (sino la de marcar la rotura histórica entre la sociedad feudal y la sociedad industrial); no dejó de considerar tal problema (1818), incluso aproximándose a un conflicto en el seno de las clases productivas (lo que luego será la contradicción de Proudhon y Marx). Saint Simon: “Existe pues todavía en el momento una lucha entre las dos clases que componen la sociedad.” (Ansart, 1970).

Proudhon y Marx se encargaron –por diversas razones-  de realizar una restitución histórica de Saint-Simon. Fue este último quien destacó la primacía de la sociedad civil y las fuerzas sociales, afirmando el poder revolucionario de las clases industriales y reivindicando la necesidad histórica de una reorganización social industrial, en oposición a la decadencia del Estado como tal.

Breve Descripción del Materialismo Dialéctico y del  Materialismo Histórico.

A través del contacto de la realidad nos adentramos en el problema fundamental de la filosofía, el cual plantea una respuesta a la relación jerárquica entre materia y espíritu. Poner primero a la materia, denota objetivamente que hay materia sin pensamiento, pero que no hay pensamiento sin objeto. Ciencia y experiencia han abalado esta concepción: el materialismo.

El materialismo como explicación científica del universo (Politzer, Le Goas, & Besse, 1977/Or. 1946), busca en él las razones de los hechos, procesos y transformaciones. El método explicativo es la dialéctica (el estudio de las leyes de la naturaleza y su desarrollo). La dialéctica a través de sus leyes determina principalmente que todo está en continuo cambio y movimiento, que todos los procesos están encadenados, que en todo evento y objeto existe una lucha de contradicciones y que la realidad experimenta cambios cuantitativos que en determinado momento se transforman en cualitativos (saltos). El materialismo dialéctico por tanto, es la explicación científica del universo a través de las leyes de la naturaleza y su desarrollo.

Evidentemente, esta contribución al pensamiento occidental, la debemos a Marx y Engels (sin olvidar contribuciones previas), quienes la formaron a través de una profunda investigación crítica sobre la sociedad capitalista, que debe –a nuestro juicio- ser complementada por los escritos sobre filosofía política de Mijaíl Bakunin, ideas que se alimentan continuamente del desarrollo científico. De la misma manera, asentimos en la afirmación que: “las leyes que rigen al mundo también permiten explicar la marcha de las sociedades” (Politzer, Le Goas, & Besse, 1977/Or. 1946), esto es lo que se conoce como materialismo histórico. Así, el materialismo dialéctico representa una herramienta de razonamiento ante el mundo, y su aplicación a la historia de las sociedades se manifiesta en el materialismo histórico.

La historia se hace por la acción de los hombres impulsados por su voluntad, pues ésta es la expresión de sus ideas, que a su vez proceden de su cerebro” (Politzer, Le Goas, & Besse, 1977/Or. 1946). Sin embargo, hay que aclarar por qué las ideas han tenido cabida en determinada época., “el cerebro es, pues, una condición necesaria para pensar; pero no una condición suficiente” (Politzer, Le Goas, & Besse, 1977/Or. 1946). Las ideas son reflejo del mundo material, “no es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia” (Marx, 1989/Or. 1859). Y en la práctica, una persona forja sus ideas por su condición de existencia, por su condición de clase.

El ser social está determinado por las condiciones de existencia material en las cuales viven los hombres de la sociedad” (Politzer, Le Goas, & Besse, 1977/Or. 1946). Así las cosas, “Un grupo de hombres con las mismas condiciones de existencia forman una clase pero la noción de clase no se reduce a la riqueza o pobreza. Un proletario puede ganar más que un burgués, y no por eso es menos proletario, porque depende de un patrón y porque su vida no está asegurada ni es independiente. Las condiciones materiales de existencia no están constituidas sólo por el dinero ganado, sino por la función social” (Politzer, Le Goas, & Besse, 1977/Or. 1946).

Entendemos de este modo, la superioridad de las clases por sobre las ideas. La explicación de las sociedades según Marx, las fuerzas motrices de la historia (lo que la explica), es la lucha de clases. “En la historia moderna, al menos, queda demostrado, por tanto, que todas las luchas políticas son luchas de clases y que todas las luchas de emancipación de clases, pese a su inevitable forma política, pues toda lucha de clases es una lucha política, giran, en último término, en torno a la emancipación económica. Por consiguiente, aquí por lo menos, el Estado, el régimen político, es el elemento subalterno, y la sociedad civil, el reino de las relaciones económicas, lo principal” (Politzer, Le Goas, & Besse, 1977/Or. 1946). Por tanto, “las luchas de clases explican la historia, pero la economía determina las clases” (Politzer, Le Goas, & Besse, 1977/Or. 1946). Las fuerzas motrices de la historia por tanto, están conformadas por el siguiente encadenamiento (Politzer, Le Goas, & Besse, 1977/Or. 1946):

—La historia es obra de los hombres—La acción que se hace en la historia está determinada por voluntades—La voluntad es la expresión de las ideas—Estas ideas son el reflejo de las condiciones sociales del momento—Son estas condiciones sociales las que determinan las clases y sus luchas—Las clases a su vez son determinadas por las condiciones económicas—

A más de las condiciones económicas (que es lo que prima), hay que tener en cuenta las condiciones étnicas, sociales, culturales, de género, etc. Por tanto, “…las ideas se traducen en la vida en el plano político, las luchas de clases que se encuentran detrás de las ideas se traducen en un plano social, y las condiciones económicas se traducen en el plano económico” (Politzer, Le Goas, & Besse, 1977/Or. 1946).

El origen de las clases, según Marx, se dio por la división del trabajo (ganadería, agricultura, oficios y comercio). Un planteamiento similar al de Bakunin (canibalismo, esclavitud, servidumbre, servidumbre a sueldo y la proyección de una era de fraternidad). Por cierto que no debemos olvidarnos las afirmaciones dialécticas de Bakunin: “…Ha quedado bien establecido que la historia humana, como la historia de todas las demás especies animales, comenzó con la guerra. Esta guerra, carente de meta alguna salvo conquistar los medios de existencia, tuvo diversas fases de desarrollo paralelas a las diversas fases de la civilización, es decir al desarrollo de las necesidades humanas y de los medios para satisfacerlas” (Bakunin, 1978/Or. 1907-1913).

Siguiendo con la división del trabajo y en base a la aparición del excedente y el comercio, la burguesía a través de la producción capitalista se encargaría de concentrar y ampliar todos los medios de producción, de “transformarlos en poderosas palancas de la producción moderna” (Politzer, Le Goas, & Besse, 1977/Or. 1946). Los convertiría en medios sociales de producción, manejado por una colectividad de hombres reducida. Y así, quienes determinan las condiciones económicas son los medios de producción (el telar, el martillo, el taller, la fábrica) detentados por la clase dominante. El encadenamiento de estos medios produjo una cadena de actos sociales, “y los productos se transformaron de productos individuales en productos sociales” (Politzer, Le Goas, & Besse, 1977/Or. 1946)

Sin embargo, a pesar de la colectivización de las fuerzas productivas, el régimen de propiedad continuó siendo individual. Estos medios de producción, “no pueden ponerse en movimiento más que convirtiéndose previamente en capital, en medio de explotación de la fuerza humana de trabajo” (Politzer, Le Goas, & Besse, 1977/Or. 1946). De aquí la incapacidad del sistema capitalista para regir sus fuerzas de producción, y las consecuentes crisis.

Así pues, Marx designó lo ‘real’ en oposición a las ilusiones principalmente por la ideología alemana3, tomando a la estructura social como objeto de ciencia, diferenciando sus partes y dicotomizando lo determinante de lo secundario. ¿Entonces, qué es lo ‘real’ en la sociedad? La actividad de producción, la sociedad civil, la economía. En esta realidad material se fundamenta la estructura social y de ella deriva lo secundario4 (lo político por ejemplo); y allí se da por evidente la estructuración de las clases sociales (como se explicó a través de la división del trabajo5).

Por un lado el Estado, lo político. Por otro la sociedad civil, la realidad, el movimiento (sin estar separado metafísicamente). Es en la sociedad civil donde residen los determinantes de la totalidad social. Aquí Marx se distancia de la filosofía de Estado de Hegel y se acerca al pensamiento de Saint-Simon  entre 1816 y 1825; un antagonismo entre la clase industrial y la clase política (el Estado), con la solución del conflicto basada en una sociedad de productores.

Si la economía ricardiana analizaba el principio del valor-trabajo, Marx se enfocó en las revoluciones capitalistas y la razón de ser del sistema, la plusvalía. En realidad, como se mencionó, ya se había planteado antes el uso de una ciencia económica en lugar de una búsqueda socioeconómica. Primero en Saint-Simon y luego sistematizada en Proudhon a través de Memorias6.

Proudhon realizó acercamientos importantes a lo que luego se conoció por materialismo histórico: “En una palabra, la fuerza colectiva tiene como foco y origen el grupo social en tanto que se organiza según las reglas de la división del trabajo y de la unificación de los trabajos” (Ansart, 1970).

Estos acercamientos los fundamentó y organizó Pierre Ansart en la obra citada:

Subordinación de conceptos económicos a conceptos sociales

Búsqueda de leyes ‘verdaderas’ de la sociedad de clases

Denuncia del régimen de la propiedad

‘Leyes de equilibrio’ de la sociedad

Formulación “la teoría de una sociedad igualitaria”

Formulación de una CIENCIA SOCIAL

Definición de una totalidad económico-social

Hasta aquí es posible entender el porqué del determinismo económico que la mediocre interpretación del marxismo ha llevado a cabo, progresando a las contradicciones y al estancamiento teórico de esta corriente. Uno de los problemas del marxismo, quizá uno de sus mayores problemas, es este determinismo (lo económico como explicativo y eje articulador, no como base única). La manera de aplicarlo a la historia de las sociedades y la manera como lo maneja dentro de su teoría llevan a conflictos irreconciliables con las vertientes libertarias del socialismo.

Rechazando este determinismo, la visión histórica –basada en la misma aplicación del materialismo dialéctico a la historia- del anarquismo revolucionario resalta lo siguiente: “El hombre se emancipó mediante sus propios esfuerzos; se separó de la animalidad y se constituyó como hombre; comenzó su específica historia y desarrollo humanos mediante un acto de desobediencia y conocimiento –es decir, mediante la rebelión y el pensamiento. Hay tres elementos o principios fundamentales que constituyen las condiciones básicas de todo desarrollo histórico humano, colectivo o individual: 1, la animalidad humana; 2, el pensamiento; y 3, la rebelión. Al primero corresponde la economía social y privada; al segundo corresponde la ciencia; y al tercero la libertad (…) Por elementos históricos entiendo las condiciones generales de cualquier desarrollo real……Para que estos elementos históricos estuviesen maduros y sufrieran una serie de nuevas transformaciones históricas era necesario un hecho viviente espontáneo, sin el cual podrían haber permanecido muchos más siglos en un estado de elementos improductivos. Pero este hecho no faltaba en el cristianismo; fue la propaganda, el martirio y la muerte de Jesucristo (…) pero desde el momento en que se acepta este origen animal del hombre, todo se explica. La historia aparece entonces como la negación revolucionaria del pasado, unas veces apática e indolente y otras apasionada y poderosa. Consiste precisamente en la progresiva negación de la animalidad primitiva del hombre mediante el desarrollo de su humanidad. A pesar de ser el hombre una bestia salvaje, prima del gorila, logró emerger de la profunda oscuridad del instinto animal a la luz de la mente; esto explica de un modo enteramente natural todos sus errores pasados, y nos consuela en parte de sus errores presentes” (Bakunin, 1978/Or. 1907-1913).

La visión integral, dialéctica y revolucionaria de la historia que Bakunin concibió, marca una distancia importante con el marxismo y la rigidez de su teoría, sobretodo el conflicto en cuanto al uso del Estado como medio de transición ‘inevitable’ según la visión etapista de la historia.

En realidad para el anarquismo revolucionario la historia tiene un proceso irregular, esencialmente dialéctico: “Mientras un pueblo no haya caído en un estado de decadencia, siempre existe progreso en esta saludable tradición, único maestro de las masas. Pero no podemos decir que este progreso es idéntico en todas las épocas históricas de un pueblo. Por el contrario, procede mediante acciones y retrocesos. A veces es muy rápido, muy sensible y de amplio alcance; otras veces se hace lento o se detiene, e incluso en otras ocasiones puede retroceder… Esto depende evidentemente del carácter de los acontecimientos de una época histórica dada. Hay acontecimientos que electrizan a las personas y las lanzan hacia adelante; otros acontecimientos tienen un efecto tan deplorable, descorazonador y depresivo sobre la mentalidad del pueblo que muy a menudo lo aplastan, lo extravían o a veces lo pervierten por completo. En general, es posible observar dentro del desarrollo histórico del pueblo dos movimientos inversos que me permitiré comparar con el flujo y el reflujo de las mareas oceánicas” (Bakunin, 1978/Or. 1907-1913).

La siguiente cita resume la visión bakuninista sobre el materialismo dialéctico y el materialismo histórico: “Todo desarrollo implica la negación de su punto de partida. Puesto que la base o punto de partida es material, según la escuela materialista, la negación debe ser necesariamente ideal. Comenzando por la totalidad del mundo real, o por lo que se denomina abstractamente materia, llega lógicamente a la idealización real, es decir, a la humanización, a la plena y completa emancipación de la sociedad. Al contrario, y por la misma razón, al ser ideal la base y el punto de partida de la escuela idealista, llega necesariamente a la materialización de la sociedad, a la organización de un brutal despotismo y de una explotación inicua e innoble, bajo la forma de la Iglesia y el Estado. El desarrollo histórico del hombre, según la escuela materialista, es una progresiva ascensión; en el sistema idealista, sólo puede constituir una caída (…) Sea cual fuere la cuestión considerada, encontraremos siempre la misma contradicción esencial entre ambas escuelas. El materialismo comienza en la animalidad para establecer la humanidad; el idealismo comienza con la divinidad para establecer la esclavitud y condenar a las masas a una animalidad perpetua. El materialismo niega el libre albedrío y termina estableciendo la libertad; el idealismo, en nombre de la dignidad humana, proclama el libre albedrío, y sobre las ruinas de toda libertad, funda la autoridad. El materialismo rechaza el principio de autoridad porque lo considera, con razón, un corolario de la animalidad, y porque el objeto y el significado principal de la historia, el triunfo de la humanidad, sólo puede realizarse a través de la libertad. En una palabra, sea cual fuere la cuestión planteada, siempre encontraremos a los idealistas sometidos al materialismo práctico; y siempre veremos a los materialistas persiguiendo y realizando las aspiraciones y pensamientos más grandiosamente ideales” (Bakunin, 1978/Or. 1907-1913).

Conclusión

Si bien los orígenes del anarquismo y el marxismo son prácticamente los mismos7, estos se empiezan a quebrar a través de la historia. Y fundamentalmente cuando se formula –en el marxismo-  la cuestión del poder, la linealidad de la historia, el etapismo y la centralización. Los saltos cualitativos que el marxismo extrapola a la historia son por lo general arbitrarios, y el etapismo intrínseco a su pensamiento se refleja principalmente en el uso del Estado como instrumento para la revolución.

El fracaso de los socialismos de Estado, las experiencias socialistas contemporáneas, las tentativas de descentralización y acción obrera…” nos plantean recordar “las indicaciones proudhonianas sobre los peligros de planificaciones centralizadas y sobre la validez de la ‘anarquía positiva8” (Ansart, 1970).

Esteban Bonilla. Investigador CEPY, Médico, estudiante de Neurociencia Molecular en Universidad de Bristol, Reino Unido.

Notas

1 Sobre todo  la ricardiana, la economía de especialización o ventaja comparativa.

2 Proudhon como diputado de la Segunda República francesa se hizo conocer cual disidente de la élite por sus escritos y por su enérgica posición ante represiones populares. Tuvo una importante acogida en el pueblo a través del periódico Le representant du peuple. Saint Simon influyó sobre los primeros socialistas en el siglo XVII, sobre el positivismo de Augusto Comte y sobre el romanticismo en su misma época. Marx por su parte, si bien no fue reconocido por su obra en su momento, fue una figura muy importante en la izquierda europea.  

3La teorización, clarificación y ordenamiento de los escritos de Hegel, Feuerbach, Stirner, Beuer.

5A pesar de la heterogeneidad de la división del trabajo actual y sus innumerables subdivisiones, cabe acotar el entorno macro en el que nos desarrollamos para hacer un esbozo creíble de como el trabajo se distribuye dentro de cada nación: “Podemos decir que el desarrollo capitalista, por su carácter desigual y combinado, ya reconocido por varios teóricos, creó una diferenciación estructural entre los países centrales y los países periféricos, así como una serie de contradicciones internas tanto en el centro (estratificación dentro de las potencias como en EU, por ejemplo, y países como Suecia u Holanda) como en la periferia, creando condiciones para una diferenciación de los países semi-periféricos (países que lograron desarrollar un Capitalismo nacional, aproximados en términos de capacidad industrial y la economía global al centro, pero sin las características sociales y el mismo poder de los mismos, como en el caso de México y Brasil en América Latina, típicos países de la semi-periferia)  (OPAR, 2011)

6En esta obra se denuncia la apropiación de las fuerzas colectivas como un robo: a través de la propiedad privada se fundamenta el sistema de la propiedad en la relación social antagónica capital-trabajo (reflejado también en Sistema de las Contradicciones Económicas).

7Basta recordar lo que Saint-Simon escribió sobre el Estado: “El Estado es un instrumento de las clases dominantes, una fuerza exterior a las clases industriales y a la sociedad civil” (…) Ya que no hay otra definición que la histórica, se puede definir el Estado por la opresión que ejerce sobre el pueblo”  (Ansart, 1970). Además, como Ansart lo ha presentado insistentemente, Saint-Simon ya habló previamente sobre la toma de conciencia de la realidad de clase y sobre el partido de los productores (partido de clase).

8La anarquía positiva se refiere a la organización ordenada y espontánea del pueblo y la toma de decisiones sin autoridad centralizada.

Bibliografía.

Ansart, P. (1970). Marx y el Anarquismo. Barcelona: Barral Editores.

Bakunin, M. (1978/Or. 1907-1913). Escritos de Filosofía Política. Compilación de G.P. Maximoff. Madrid: ALIANZA.

Engels, F., & Marx, K. (1971/Or.1844). La Sagrada Familia. O Crítica de la Crítica Crítica. Contra Bruno Bauer y consortes. Buenos Aires: Claridad.

Lenin, V. I. (1913). The Three Sources and Three Component Parts of Marxism. Prosveshcheniye.

Lenin, V. I. (1915). Carlos Marx (Breve esbozo biográfico, con una exposición del marxismo). Diccionario Enciclopedico Granat , Tomo XXVIII.

Marx, K. (1989/Or. 1859). Contribución a la crítica de la economía política. (M. Kuznetsov, Trad.) Moscú: Progreso.

Marx, K. (2007/Or.1847). Miseria de la Filosofía. Buenos Aires: Gradifco.

OPAR. (2011). Plataforma Internacional del Anarquismo Revolucionario. Nuevo León: UNIPA/OPAR.

Politzer, G., Le Goas, M., & Besse, C. y. (1977/Or. 1946). Curso de Filosofía.Libro primero. Principios elementalesy principiosfundamentales. Bogotá: Latina LTDA.

Saint-Simon, C.-H. (1803). Letters from an Inhabitant of Geneva to His Contemporaries. Oxford: Oxford University Press.

Saint-Simon, C.-H. (1825). Literary, Philosophical and Industrial Opinions.

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