2014 ¿reflujo o impulso? Análisis de coyuntura y tareas de período.

Un golpe avisado.

El 2014 se inició con un fuerte recodo para Alianza País (AP) y la Revolución Ciudadana (RC), la pérdida momentánea por los actuales encargados del movimiento político oficialista, de los bastiones principales del correísmo en términos electorales. El 23 de febrero se perdió Quito –la ciudad más importante políticamente hablando-, Cuenca, y con ello la pretensión de ganar Guayaquil.

La explicación del rápido desgaste del proceso oficialista tiene su génesis en las contradicciones internas y la dependencia de la figura del presidente como único referente de trabajo político, los esfuerzos de la oposición por consolidarse en un polo atrayente para futuros votantes fueron anulados por la maquinaria propagandística de la Revolución Ciudadana; donde triunfó –el caso de Quito por ejemplo- fue gracias al voto de castigo, y no por un apego programático poblacional[1].

Aunque muy pocos se atreven desde AP a relatar y entender de forma profunda la pérdida del febrero, desde las organizaciones territoriales y poblacionales la caracterización es simple: no existe articulación entre el pretendido poder popular y los espacios de participación política estipulados, terrible error, tomando en cuenta que estas bases representan el corazón del proceso de transformación pensando desde la RC –al menos en teoría.

Estos dos elementos, la responsabilidad primera y última en el presidente como referente y referencia política de AP y la inexistencia de una base social que apoye el proceso, rondan el panorama político a futuro, sin embargo no serían los posibles elementos decisivos que llevarían a poner en riesgo la hegemonía de AP en las elecciones de 2017.

El desgaste profundo de la figura del presidente de la República, quien es ahora entendido como un mal que fue necesario, la contradicción en los hechos del discurso oficialista como proyecto de izquierda, se matiza con el avance las fuerzas de reaccionarias ubicadas dentro de AP, fuerzas que en este momento ocupan la cúspide del movimiento.

La “lucha de líneas” al interior del oficialismo se ha desatado, lucha entre una tendencia progresiva y otra regresiva, la Asamblea Nacional y la estructura de AP son los escenarios en disputa. Una de estas fuerzas –a la que podríamos calificar como regresiva- está comandada por Juan Carlos Cassinelli, político guayaquileño formalmente unido a sectores agro industriales, quien ha logrado desplegar una estructura de acción política que une a gente como Marcela Aguinaga, vicepresidenta de la Asamblea y María José Carrión, asambleísta oficialista.

En otros espacios del gobierno, como el Ministerio de Agricultura, las estructuras que favorecen a los intereses del gran capital encuentran un caldo de cultivo propicio para su reproducción, dejando en entredicho el compromiso de transformación política que han mostrado actores políticos cercanos al Foro Urbano. De todas formas, los escenarios posibles para un rearme a nivel de tendencia entre las filas regresivas del oficialismo, son amplios y tienen grandes posibilidades de conducción.

AP no es un partido en términos clásicos, es una agrupación ecléctica, con infinitud de expresiones ideológicas que no encuentran cohesión programática, sin contacto real con las bases –lo clientelar no cuenta. La agenda para 2015 pretenderá buscar la unidad de partido y la formación de bases sociales compactas favorables para AP, superando la imagen de Rafael Correa.

La derecha: un muerto medio muerto.

Por parte su parte, la derecha fuera de AP aún no ha logrado generar un proceso de unidad coherente con los intereses de las secciones oligárquicas y burguesas que la integran. Nebot, Lasso y Rodas, aunque han mantenido conversaciones esporádicas, no han logrado desarrollar una plataforma conjunta de acción política, oportunidad que se avizora en el caso de existir una Consulta Popular, situación que se encuentra lejos de concretarse por la actuación política que asume el Consejo Nacional Electoral al defender los intereses específicos del oficialismo, en una suerte de táctica válida para mantener su hegemonía.

De todas formas, luego de la derrota aparatosa que sufrió la derecha en las elecciones de 2013, su perfil mediático no ha podido generar una oposición –programática e ideológica- fuerte con capacidad de influencia en la opinión pública. Las giras en medios de Lasso a lo largo y ancho del país, sumadas las continuas acusaciones de su participación directa en la banca de la época neoliberal –aún en curso-, lo han anulado políticamente hasta nuevo aviso, lo que no quita que su referente ronde en el imaginario del votante indeciso, Mauricio Rodas derrotado temporalmente por el asedio mediático e institucional, ha volcado su administración en una telenovela mexicana con narcotraficantes incluidos.

Resumiendo, la derecha tampoco ha logrado compactar su posición a nivel de tendencia u organización partidaria, y tampoco cuenta con un proyecto definido o un programa claro a diferencia de AP.

¿Quién dijo que no lo iban a hacer? La “resistencia” pequeño burguesa al estractivismo

Después del fiasco mundial que resulto la iniciativa Yasuní ITT, varios grupos, unos de agendas marcadas por Organizaciones No Gubernamentales, y otros, de perspectivas políticas pequeño burguesas fácilmente asimilables por la reacción, han desarrollado un extenso proceso de acumulación de fuerzas hacia ningún lado.

Yasunidos creó una plataforma multiclasista de lucha, cuando agotó las respuestas del régimen al problema en cuestión, pensó en la posibilidad de una Consulta Popular, negada de antemano por intereses superiores al Consejo Nacional Electoral, bajo una amplia estrategia de sabotaje mediático y burocrático.

La política siempre está más allá de las buenas intenciones o la ideología, el caso de Yasunidos es ejemplar; el “programa de lucha” levantado fue tan abierto que terminaron por colarse tantos sectores que a la final fue imposible diferenciar la propuesta inicial. Con el tiempo Yasunidos pasó de ser un referente de moda progresista pequeño burgués, alejado de las necesidades populares, a un recuerdo artificial de lo que fue y no pudo ser.

Una lucha edulcorada que asume que la problemática central es la autodeterminación local de la población, la defensa en abstracto de los recursos naturales no renovables y no las contradicciones económicas, termina por sentarse en la misma mesa de la reacción, la capitalización política del movimiento cae en manos del adversario o el oficialismo; los planteamientos no se refieren a un cambio estructural, sino a un cambio de principios normativos que inserten dentro del capitalismo la sociedad intercultural.

La clase obrera se re articula ¿hacia dónde?

Amplios sectores de trabajadores han logrado desde el segundo semestre del 2014, aglutinar a distintas fuerzas y realizar dos multitudinarias marchas, aprovechando los errores de tiempo político que el legislativo y ejecutivo han desarrollado en el tratamiento del Código del Trabajo.

Es evidente el avance de las fuerzas de los trabajadores, independientemente de las maniobras que ha realizado el gobierno, como la conformación de la Central Única de Trabajadores (CUT) o generar apenas una reforma al código vigente después del fracaso del nuevo. Una evaluación crítica y honesta del sindicalismo ecuatoriano podría ayudar a mediar posibilidades políticas y revolucionarias reales de las centrales sindicales que capitanean las movilizaciones (FUT, UGTE, CEDOCUT, CEOSL, entre otras).

La clase obrera envuelta en sus viejas banderas ha descartado la articulación con la derecha, pero no ha sido capaz de superar el gremialismo, ni el recambio generacional en las dirigencias, el eterno dirigente de la CEDOCUT, Mesías Tatamuez, es un claro ejemplo de oportunismo mediático.

El problema de la tierra y el agua. 

Mientras en el sector ambiental ha dejado de tener consistencia y los trabajadores empiezan a aglutinar amplios sectores clasistas y populares, los campesinos están a punto de entrar en crisis por la constante vejación a sus derechos –contemplados en la Constitución.

Una política pública centrada en el desarrollo de las fuerzas productivas de las grandes empresas, como PRONACA y AGRIPAC a través de mecanismos como la agricultura bajo contrato, el retroceso de los programas de transferencia directa de capacidades como las Escuelas de la Revolución Agraria, el fracaso absoluto del proceso de repartición de tierras con el Plan Tierras y la falta de articulación de los créditos por parte del Banco Nacional de Fomento han terminado por golpear fuertemente la composición heterogénea del campesinado ecuatoriano, en este momento se le asestará el gran golpe  al pasar una Ley de Tierras que cuida el bolsillo del empresario y no plantea mecanismos claros para la repartición de los predios -creación de un fondo de tierras.

El alejamiento de las organizaciones del campo es evidente y alarmante, tanto la CNC-Eloy Alfaro, como la FENOCIN encuentran cada vez menos espacios para el desarrollo de sus necesidades e inquietudes, con un panorama fracturado, bajo la amenaza de aplicación del decreto 16 a todas las instancias organizativas no alineadas con el gobierno.

El oficialismo ha cometido errores políticos enormes, la forma incorrecta de asumir el trabajo con las organizaciones campesinas se pueden encontrar como punto álgido en la revocatoria del comodato de la CONAIE, hecho que además de producir un frente de oposición cada vez más compacta, desgasta de manera profunda la ya de por si deteriorada imagen progresista del gobierno.

Posneoliberalismo neoliberal: contradicciones internas.

La problemática se complejiza con la firma del acuerdo comercial con Europa, del que ahora sabemos objetivamente es un TLC. Esto implica el ingreso nacional en un proceso de intercambios insostenibles, contrarios al proceso de tecnificación y desarrollo de la matriz productiva, un mito que hasta ahora no acaba de despegar.

La coyuntura al empezar 2015 está marcada por un revés importante en las fuentes de financiamiento del Estado, aunque se mantiene al momento un ligero repunte en la balanza comercial, este escenario se complejiza por la exagerada dependencia que significan los ingresos petroleros en el presupuesto nacional. La caída del precio del barril a niveles record, ha generado un balance en el precio, favorable para las multinacionales.

Atado el funcionamiento del aparato estatal al precio del barril de petróleo, y a la recaudación tributaria, es en esta segunda donde se desarrollará otro frente de presión para el desarrollo de fuentes de financiamiento, producto de esto la Asamblea Nacional se encuentra tramitando una serie de leyes que profundizan la recaudación, la más importante es la reforma a la Ley de Incentivos a la Producción y Prevención de Fraude Fiscal, virtud de la cual el estado recibirá 200 millones de dólares adicionales y el nuevo Código de Ordenamiento Urbano, dónde se regulará el impuesto sobre la plusvalía para el mejoramiento de servicios que se hagan a través de la obra pública.

Finalmente, el elemento más preocupante es la creciente reprimarización la economía nacional, del total de la balanza el 80.46% son primarias, el 19.53% son industrializadas; mientras el primer sector crece al 7.82% anual, el segundo decrece al 9.18%. Entonces debemos preguntarnos, ¿posneoliberalismo dónde?

¿Qué podemos esperar?

La falta de credibilidad de los argumentos progresistas de AP, posibilitó la creación del frente “Unidos”, un espacio que reúne a varios movimientos políticos que van desde la izquierda, la socialdemocracia y otros explícitamente de derecha -como Manabí Primero o Centro Democrático. Hasta el momento esta plataforma no despega de forma contundente debido al manejo estratégico que se hace de este espacio; un lugar de convergencia política que figura como membrete para jugar al diálogo y al apoyo popular, espacios en decrecimiento, en gran medida por las constantes equivocaciones provenientes desde el ejecutivo, legislativo y judicial, demostrando que políticamente la concentración de poderes elimina la posibilidad del manejo de los errores.

Es momento de tomar la palabra a AP, pedir se clarifiquen las sombras que envuelven el proyecto modernizador que trae a espaldas; al mismo tiempo se debe desarrollar un trabajo político de clase, que sostenga lo avanzado y rompa con el avasallador despliegue de la derecha dentro del correísmo. La creación de organizaciones autónomas del oficialismo y la oposición, con capacidad de movilización e incidencia política masiva, debe ser el norte de las fuerzas revolucionarias.

La izquierda libertaria debe jugar un papel importante en el proceso de clarificación y organización de la sociedad, acompañado del profundo estudio de la realidad ecuatoriana, rehuyendo de la ideología sobre las condiciones objetivas, hacia un programa que identifique como principal enemigo al neoliberalismo, separando aguas con el “ultrismo” y el “oportunismo” de izquierda, en una actitud táctica de acumulación de fuerzas propias, desarrollando las bases necesarias para la construcción de un Bloque de Clases Oprimidas que pelee por el socialismo y la libertad.

[1] El caso de Mauricio Rodas es paradigmático, el voto castigo lo llevó a la Alcaldía de Quito sin un programa definido, sus vínculos con el narcotráfico mexicano acompañado de su incompetencia administrativa lo han llevado a hacer propias las obras del período Barrera, anexándose el descontento ciudadano –incluso de la clase media de espíritu oligárquico que le dio su voto- en proporciones no pensadas.

Publicado en La Verdad # 1, Febrero-Marzo 2014.

Carlos R. Andrade. Investigador CEPY, Licenciado en Comunicación Social.

Carlos Pazmiño. Investigador CEPY, Licenciado en Comunicación para el Desarrollo, estudiante de magíster en Sociología FLACSO-Ecuador.

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